Ya lo habréis oído

Esto ya lo habréis oído, pero os comento que el Gobierno de Pedro Sánchez anunció anoche que hoy anunciaría el establecimiento del estado de alarma en todo el país. Anunciar que anunciarás algo, esa genialidad. Alguno se quejó en Twitter de que si lo iba a anunciar igualmente al día siguiente, que mejor lo anunciara ya. Puede que tuviera razón. Pero a ver quién es el guapo que paraliza un país sin haber dado tiempo a la gente a hacer las últimas compras tontas de cara al confinamiento (candidata a palabra del año). 

Ahora soy runner, así que, como casi todos los sábados, he salido a hacer mis 6-7 kilómetros a ritmo lamentable. No tengo claro en qué consiste un estado de alarma, pero confío en poder mantener al menos esta rutina. Igual salgo de todo esto con posibilidad de hacer los diez kilómetros en menos de cincuenta minutos en la próxima carrera popular. Soy un héroe, lo sé. 

En los grupos de wasap (sé que duele a la vista, pero lo voy a escribir así), se producen hoy los primeros debates sobre cuáles son los motivos justificados que nos permitirán salir de casa durante los próximos días (¿semanas?). Todo el mundo lo tiene clarísimo. Yo, por ejemplo, he ido con mi novia a El Corte Inglés, con un par, a hacer las compras tontas de última hora que comentaba antes. Y me parece correctísimo, ojo. Si, como se comenta, vamos a pasarnos como mínimo dos semanas sin prácticamente salir de casa, mejor aprovisionarse de la mayor cantidad posible de elementos de entretenimiento. A mi novia le gusta coser, así que hace acopio de telas, lanas, agujas y otros artilugios por el estilo. Me anima a comprarme también cosas para hacer yo, como, yo qué sé, algún bloc de dibujo, pinturas, lápices de colores o herramientas de bricolaje. Hago el esfuerzo de imaginarme a mí mismo haciendo cualquiera de esas cosas, pero no puedo inventarme una afición en menos de diez minutos. Confiaré en que mi compra compulsiva de libros durante las últimas semanas -y el running y Netflix y todo el resto de plataformas de streaming que ya pago- me mantendrán a flote. 

Lo que decía de los grupos de wasap y la paranoia del no salir de casa: me imagino comentando en el grupo de amigos que estoy en una gran superficie haciendo compras de última hora y casi puedo ver la indignación de muchos llamándome irresponsable por juntarme hoy con otras personas en un lugar cerrado. Probablemente tengan razón y eso me hace sentir culpable y mal ciudadano. Miro al resto de compradores -pocos, muy pocos- y por sus miradas intuyo que todos piensan algo parecido: qué demonios hacemos aquí, por qué hemos decidido pasar nuestras últimas horas en libertad en la sección gourmet de El Corte Inglés comprando esta lata de sardinas premium, etc. Luego veo que en el mismo grupo de wasap hay quien consigue justificar que salir al monte a buscar espárragos es del todo correcto, y se me pasa.

Al final me compro otro libro y volvemos a casa a hacernos unos spaghetti al pesto.

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