Documentales raros

Lo de salir a correr por las mañanas parece que no va a ser posible. Quiero decir, podría salir a correr, nada me lo impide físicamente, pero parece que se están poniendo serios y hay intención oficial de patrullar las zonas habituales de runnerismo, multar y mandar a casa a cualquiera que se atreva a ponerse las mallas y el cortavientos. 

Hago mil planes de cara a la cuarentena (otra candidata a palabra del año) en la que ya estamos metidos. Quiero terminar los dos libros que ahora llevo en marcha -los dos sobre la Guerra Civil, por qué no- y por lo menos otros tres que tengo ya en casa. Quiero ver otra vez la saga completa de El Padrino. Quiero ver Fleabag, todas las películas nominadas a los Goya de este año y tropecientos documentales raros de Filmin. Quiero escuchar dos podcasts diarios, hacer deporte en la alfombra todas las tardes a las siete, descubrir grupos nuevos, cocinar recetas sanas, ducharme todas las mañanas, tener sexo todos los días, aprovechar para volver a escribir, poner en orden las fotos del móvil, tener la casa limpia, llamar más a mis padres y amigos, ordenar los cajones del mueble feo del salón, y además trabajar desde casa. Aprovecho aquí para hacer el chiste que estamos haciendo todos: con tanto plan, se me va a hacer corta la cuarentena, je je, guiño, guiño.  

Otra cosa que he hecho hoy ha sido reñir a una amiga en un grupo de wasap por mandar demasiados audios de médicos de origen indeterminado. Me he puesto muy digno y le he dicho lo que todos ya sabemos de sobra sobre los bulos y las fake news. Nada más enviar el mensaje me he sentido tonto y mal. Quién soy para decirle a la gente lo que tiene o no tiene que hacer, y menos en un grupo de wasap. Mi amiga responde que vale, que lo entiende, nos envía otro audio de un médico de veinte minutos y nos dice que quien quiera lo escuche, y quien no, pues no. Luego nos envía alguna foto de su perrita. La queremos mucho (a mi amiga, no a la perrita).  

Es el debate del día: lo que se puede y no se puede hacer estando en cuarentena. Si se puede salir a buscar tabaco o a comprar el periódico o a pasear el perro siete veces al día. Mi novia y yo mandamos un selfi desde la azotea de nuestro edificio a otro grupo de wasap y alguien nos afea rápidamente la conducta. Que si no estamos siendo responsables, que si no sabemos qué vecino ha pasado por ahí antes y que si todos en el edificio hicieran lo mismo, que qué sentido tendría hacer cuarentena. Probablemente tenga razón, no he venido aquí a justificarme. Todos haremos nuestras pequeñas trampas estos días, y me parece bien y las veo casi necesarias. Lo importante, creo, es darnos la turra lo mínimo y no ser más severos con el resto que con uno mismo.

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