17/03/2020: Personal crítico

La cuarentena empieza a provocar sucesos extraños en la población: mi madre, por ejemplo, me ha mandado un email. Lo he leído desde la oficina. Sí, he tenido la suerte de poder ir a trabajar físicamente a la oficina. No me flipo, sé que no soy personal crítico: en pocos días tenemos una videoconferencia con bastante gente y queremos comprobar que el sistema funciona correctamente. 

Entramos al edificio como si entráramos en las instalaciones de Chernobyl. El de seguridad ha de comprobar por teléfono que nuestro acceso está autorizado para ese día a esa hora y nos acompaña hasta las puertas de la oficina que vamos a usar. Nos abre la puerta, nos dice que debemos mantener en todo momento una separación de mínimo un metro y medio entre nosotros y nos hace entrega de un producto llamado Sanytol como si nos estuviera entregando un contador geiger, explicándonos que debemos desinfectar todas las superficies que ocupemos, antes y después de utilizarlas. Lo que tenemos menos claro es cómo desinfectar el propio bote de Sanytol, que nos pasamos unos a otros alegremente con las manos. Estamos de acuerdo en que nos haría falta un mini bote de Sanytol, igual que Mónica tenía una mini aspiradora para mantener limpia su aspiradora. El sistema de videoconferencia funciona como ya sabíamos que funcionaba, o sea, mal, así que volvemos a casa en cuanto comprobamos que lo del Jueves será con toda seguridad un desastre, pero nos da igual, y es que todos tenemos la cabeza en otro sitio. 

Vuelvo a casa y enseguida se me hacen las siete, la hora de las abdominales. Muevo la mesita del comedor y veo que no puedo hacer todavía abdominales. La alfombra de Ikea está muy sucia. Tiene mucho polvo, pelusas, restos de comida y hasta alguna piedrecita. No puedo ponerme a hacer abdominales encima de toda esa mierda. Saco la roomba del armario, la enchufo, la pongo en marcha y al medio minuto el robot vuelve a su base porque no tiene batería. Normalmente le cuesta dos horas en cargar, y además tengo que quitarle todos los pelos que tiene enredados en el cepillo desde la última vez que la usamos. El plan de hacer abdominales a diario se derrumba el primer día. 

Me pasa mucho esto, últimamente. Antes de poder empezar a hacer deporte, he de hacer muchas otras tareas previas. Tantas tareas, que en muchas ocasiones termino por hacer solo estas tareas previas y no la actividad deportiva en sí. Cuando era más joven, por ejemplo, salir en bici consistía simplemente en coger la bici y salir. A día de hoy, antes de coger la bici, he de planificar una ruta en gmaps, buscar el cable correspondiente para poder descargármela en el Garmin, elegir la vestimenta adecuada, montar la bici en el soporte del coche, conducir veinte minutos y volver a casa porque se me ha olvidado el casco. Sé que hay una metáfora aquí que explica el paso del tiempo y la exagerada sofisticación tecnológica de esta época pero yo qué sé, no me quiero poner demasiado profundo.  

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