Realización personal

Un efecto evidente de la cuarentena en la gente es que se agudiza mucho el sentido del humor. Hoy he ido al Mercadona y al volver, mi novia me ha dicho que he comprado mucho pavo, que he comprado pavo-rrir. La quiero mucho, a mi novia, por razones obvias. 

Las tareas domésticas han ganados estos días un prestigio inesperado. Limpiar el baño es el plan guay que te reservas para el Domingo. Ir a hacer la compra sustituye al vuelo low cost a Bolonia. Subir a tender, el nuevo bajar al bar. Me encanta subir a tender, con o sin cuarentena, a todo esto. Meter la ropa en la lavadora, subirla a la azotea y dejarla bien tendida me provoca un extraño sentimiento de realización personal y trabajo bien hecho. Siempre que termino de tender, me giro y miro la ropa como si mirara un cuadro que acabo de pintar. 

Otro tema que os quería comentar es que tengo la suerte de que en el trabajo me pagan clases de francés, que ahora son vía Skype por motivos obvios. A las ocho y media de la mañana nos conectamos todos desde nuestras casas, con una taza de café en la mesa, despeinados y con una sudadera vieja. Cada vez que habla uno de nosotros, aparece su video en pantalla. Con tanta videollamada y salidas al balcón a aplaudir, estamos viendo estos días algo que normalmente permanece oculto: las casas de nuestros conocidos por dentro. Aunque solo sea un trocito pequeño, me gusta ver el interior de las casas de gente a la que conozco poco, por algún motivo que no alcanzo a comprender. 

Por la tarde, con la alfombra ya limpia, me pongo una lista de electro en el Spoti y hago tres series de abdominales variadas, flexiones y otros ejercicios que llevo mucho tiempo sin practicar. Un chistecito que he hecho en muchas ocasiones es este: el número de abdominales que he hecho en los últimos tres años está entre uno y diez mil. Al terminar de hacer ejercicio veo que casi no he sudado pero entre las abdominales y la ducha de después he conseguido quitarle una horita al día. 

Una costumbre que habíamos cogido en casa en los últimos meses era la de comer y cenar como las personas. Como las personas es, para nosotros, en una mesa y sentados en una silla, en lugar de en el sofá frente a la tele y en la mesilla pequeña, que luego la alfombra acaba como acaba. Con esto de la cuarentena, nos hemos vuelto muy locos y la cena ya no la hacemos como las personas, fuck the system. La comida todavía sí, que por lo que parece, esto puede ir para largo y no es cuestión de asalvajarse completamente al cuarto día de confinamiento. Mientras cenamos, terminamos de ver El Padrino I, que llevábamos desde el Sábado viendo a trozos sueltos porque siempre terminábamos durmiéndonos. Un día de estos tendremos que hablar de El Padrino, cuando tengamos un rato. 

Antes de irnos a dormir, mi novia me dice que le pase de una puñetera vez el bote de gel desinfectante, what the gel. Cómo no la voy a querer. 

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