21/03/2020: Fútbol infame

Se han parado la Liga de fútbol y todo el resto de competiciones deportivas, pero sigo teniendo el tic de coger el móvil y entrar a mismarcadores para comprobar los resultados del día. El fútbol me gusta mucho, qué le voy a hacer. Sé que no me da de comer y todo eso, pero me alegra una tarde de domingo en la que no tengo nada que hacer. 

Con mi mejor amigo del colegio no hablo casi nunca por teléfono y en persona nos vemos menos todavía. De vez en cuando, nos mandamos un enlace a una noticia deportiva que nos llama la atención, sin contexto o saludo previo. Esta mañana, por ejemplo, me ha mandado un video de youtube de tres minutos con un resumen del Francia-Bulgaria del 93, partido en el que Bulgaria remonta en el último minuto para meterse en el Mundial de Estados Unidos. Le digo a mi amigo que me ha encantado el video y que qué bien le pega Kostadinov en el 1-2. Le pregunto que cómo lleva el no poder salir de casa con un bebé de menos de un mes de vida y me intereso también por su mujer, a la que prácticamente no conozco. Me cuenta que lo lleva medio bien, a pesar de un tener un horario de trabajo demencial, en contacto constante con población de riesgo y de que los abuelos solo puedan ver al niño por videollamada. Tiene incluso tiempo de mandarme un selfi gracioso y hacerme una broma sobre pelis de zombis. 

Le envío un mensajito también a otro buen amigo con quien he compartido tardes de fútbol infame en Castalia. Le noto un poco jodido a pesar de estar viviendo un momento personal bastante bueno. Cuando me fui a vivir con mi novia tuve la sensación de que estaba haciendo un movimiento arriesgado, porque solo llevábamos año y medio juntos y además nos mudábamos al extranjero. Mi amigo está preocupado porque se ha ido a vivir con su novia dos días antes de que se declarase la cuarentena. Pequeña lección de humildad para mi. Le mando ánimos y me responde que tiene ganas de verme y que siempre nos quedará Castalia. 

Una vez, con doce años o así, acababan de terminar las fiestas patronales de mi ciudad, una semana de vacaciones. El domingo por la noche no conseguía dormirme porque al día siguiente tenía que volver al colegio y me daba mucha pena. Me daba tanta pena que hubo un momento en que me puse a llorar, yo solo en mi habitación a oscuras. Me sentí ridículo pero sobre todo muy desgraciado. Me puse a pensar en cosas que me apeteciera hacer esa semana, cosas que animaran a ver aquel drama de una manera un poco más positiva. Recordé que el jueves había jornada de UEFA y de que jugaba el Mallorca contra no sé quién. Enseguida me animé un poco y me dormí, tranquilo porque dentro de cuatro días había fútbol en la tele. 

En fin, que el fútbol me gusta y a veces me ayuda, qué queréis que os diga. No es que esté aquí llorando porque no pueda ver los cuartos de final de la Champions, pero creo que os hacéis una idea de lo que quiero decir. 

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