24/03/2020: Un disco al día

Hace diez años o así escuchaba mucha música, muchísima. Lo hacía casi como quien hace deberes. Cada semana me ponía en el Spotify dos o tres discos de los grupos de moda en el momento y me los escuchaba del tirón varias veces, hasta el punto de poder decir que de verdad había escuchado ese disco y que podía formarme una opinión, y que si ese verano los veía en el FIB reconocería al menos dos o tres canciones. Siguiendo esta implacable rutina, todas las semanas durante varios años, llegué a la conclusión ingenua de pensar que estaba puestísimo en el tema musical, y me hice super fan de cosas como Devotchka o Micah P. Hinson o Liars. 

Hoy en día no escucho casi nada, o al menos casi nada nuevo, y me da pena, y también sensación de que me estoy perdiendo cosas. El año pasado me encontré con un artículo que decía que a partir de los treinta, la gente es menos receptiva a descubrir grupos nuevos por algún motivo triste que ya no recuerdo. Esto no lo decía el artículo, pero lo añado yo: a partir de los treinta también estamos menos receptivos a aprender idiomas y a conocer gente. No quiero jugar a ser psicólogo, así que no profundizaré más en esta idea. 

Leer ese artículo me dejó mosqueado y quise rebelarme ante aquella evidencia. Creé con mi hermana una lista compartida que decidimos completar con grupos actuales alejados de nuestros gustos habituales, sin prejuicios o complejos. En pocos días, la llenamos de trap, reggaeton e historias semejantes. Al final de ese mismo año, Spotify me informó de que el artista que más había escuchado en 2019 había sido Bad Gyal, y la verdad es que no supe decir si eso significaba que el año había sido muy bueno o muy malo. A decir verdad, tampoco habría mejorado mucho el año si mi banda más escuchada hubiera sido Liars. 

Uno de los planes que me propuse para la cuarentena fue escuchar un disco nuevo al día. Después de una semana, solo me he puesto medio disco de Blur mientras cocinaba y un montón de podcasts. Ya no escucho música, solo podcasts. A veces todavía hago el esfuerzo de mirar los carteles de los festivales a los que solía ir para escuchar el último disco de los cabeza de cartel al menos, pero me dura poco la motivación y ni siquiera me suenan los nombres, y cuando los escucho, todos me suenan muy parecidos y me aburro rápido, así que enseguida vuelvo al programa de entrevistas, al análisis de la actualidad y de la jornada de fútbol en el Calcio. Me gusta estar informado sobre el Calcio porque mi compañero de oficina es italiano y es una buena manera de iniciar conversación por las mañanas. La verdad es que no he probado a hablarle de Bad Gyal. 

Algún día suelto, sin ningún motivo en particular, al salir del trabajo me pongo la lista de electro y al cruzar el puente, el sol brilla sobre el canal, el ritmo de la canción encaja con mis pasos y el mundo es tan jodidamente perfecto que me emociono. Al día siguiente, salgo de la oficina y me vuelvo a poner otro podcast del pijo del Hotel Jorge Juan, no sé qué cojones me pasa. 

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