Sentadillas

Hoy después de comer le he dicho a mi novia que tengo la sensación estos días de estar todo el rato poniendo y quitando la mesa, y ella rápidamente me ha puntualizado que no es una sensación, que es que estoy todo el rato poniendo y quitando la mesa. Estamos tan acostumbrados a estar casi siempre haciendo actividades de todo tipo que solo unos días de rutina sin poder salir de casa nos obliga a buscar diversión a cualquier precio. 

Una de las opciones de entretenimiento más populares estos días es el deporte indoor. Antes de comer, mientras mi novia estudia en la mesa del comedor, yo hago ejercicios en la alfombra. Me pongo a hacer sentadillas y a la tercera, mi novia deja de teclear e interviene para decirme que las estoy haciendo mal, lo cual me hace darme cuenta de que esta es otra de las actividades más populares estos días: señalar lo que los otros hacen mal. El que sube a la azotea lo hace mal. El que saca al perro y no le limpia las patitas lo hace mal. El que se va a la casa de la playa lo hace mal. El Gobierno lo está haciendo mal. Los que critican al Gobierno lo están haciendo también mal. Todo mal. Es curiosa esta tendencia que tiene la gente a valorar lo mal que lo hacen el resto o lo mal que lo hacen los que no son de los suyos. Enseguida me doy cuenta de que yo mismo juzgo de manera diferente un tuit de Ayuso que uno de Echenique, aunque el contenido de los dos sea igual de ridículo, así que mejor me callo y paso a otra cosa. 

Otra actividad muy común estos días también son los consejos prácticos de cara a la cuarentena. Cómo hacer tu propio gel desinfectante. Cómo y cuántas veces hay que lavarse las manos. Cuál es la mejor manera de organizar la compra para no tener que salir demasiadas veces y cómo conseguir no engordar sin poder salir de casa. La madre de mi novia, que es médico, nos dijo el otro día, que durante el confinamiento hay que intentar también beber agua al menos una vez cada 15 minutos, aunque no acabo de tener claro si esto era un consejo médico o un challenge viral. 

Al final de la tarde, mi novia y yo salimos al balcón a aplaudir, y la vecina de enfrente, a quien no hemos visto nunca, nos cuenta que su suegra, o la suegra de una amiga, ahora no recuerdo, se ha muerto, y que al entierro han podido ir solo cuatro, y gracias. Si es Sábado, como hoy, la gente además se prepara un cubata y pone remember a todo volumen en el balcón. Se abusa últimamente del remember, en mi opinión, un género músical que debería estar reservado solamente para momentos épicos de fin de fiesta, de lo contrario se pierde la gracia y el sentido. He llegado a estar en una fiesta en la que la primera canción que se pinchaba era el Flying Free, a palo seco. Empezar una fiesta poniendo el Flying Free: el único equivalente que se me ocurre a esto es mi compañero de pupitre en primaria, Tito, que empezaba su jornada escolar comiéndose una bolsa de Jumpers.

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