30/03/2020: Una fiesta

Hace años escribía. No mucho, pero algo escribía. Relatos cortos en un taller de escritura creativa, posteaba de vez en cuando en un blog sobre mí mismo, cosas así. Dejé de hacerlo abruptamente, sin motivo.

Tres años después de mi último post en aquel blog empecé a escribir lo que debería haber sido una novela. Durante tres meses, escribí todos los días al menos una hora, pero odié profundamente la experiencia. Lo dejé cuando llevaba cincuenta páginas o así y me di cuenta de que el resultado estaba siendo muy decepcionante. Me dije que mejor descansar un tiempo y posponer el tema de la escritura para cuando tuviera un poco más de ganas. La vida me arrolló y he pasado seis años sin escribir una sola palabra. 

Todo se pospone estos días. El otro día la UEFA confirmó que se posponía la Eurocopa de este año para el verano de 2021. Por si esto no era ya suficiente disgusto, mañana confirmarán también el retraso de los Juegos Olímpicos. Ya puestos, podrían posponer directamente el verano entero, porque para lo que va a quedar, pues casi mejor. En Sevilla han pospuesto también la Semana Santa y la Feria. Al ser mi primer año viviendo aquí, había decidido quedarme aquí en ambos festejos, aunque no sea yo muy amigo ni de las costumbres religiosas ni de las muchedumbres, pero ha tenido que venir una pandemia mundial a ponerme en mi sitio. 

Algo parecido le debe estar sucediendo al SanSan, el gafe de los festivales de música levantinos. El año pasado, a pocas horas de iniciarse el primer concierto, AEMET anunció algo parecido a un huracán para esos días y se vieron obligados a cancelar. Devolvieron el dinero de todas las entradas y anunciaron que volverían al año siguiente con más fuerza que nunca, pero también tuvo que venir la pandemia a ponerles en su sitio. Pobre SanSan. Yo, por si acaso, no haría muchos planes para la fecha que anuncien en 2021. 

La Selectividad, al parecer, también se pospone. Qué intensito, el año de Selectividad, los propios días de la Selectividad. Aquellos días, recuerdo haberme hecho un planning perfecto en el que, durante dos semanas iba a dedicar diez horas por asignatura para refrescar todo lo aprendido durante ese año. Recuerdo perfectamente también cómo la realidad se abrió paso y me pasé las tardes jugando a tenis con el amigo del que hablaba hace unos días. El primer día de exámenes, recuerdo que nos encontramos en la puerta de la universidad con un amigo nuestro un año mayor que nosotros que ya estaba terminando primero, y nos gritó de manera enigmática que Selectividad era una fiesta. En aquel momento no entendí aquel énfasis, pero sí tiempo después, porque pocas épocas de mi vida recuerdo con más fuerza. 

Se habla mucho estos días sobre cómo recordaremos lo que nos está pasando ahora mismo. Sobre si se estudiará en los libros de texto o si generará cambios en la forma de comportarnos e incluso de organizarnos como sociedad. Tengo la impresión de que hay quien está viviendo esto como una experiencia catártica, de la que hay sacar que salir transformados y casi mejores personas. No lo tengo claro, pero puede que tengan razón. No me quería poner serio, así que no intentaré rebatir esa actitud, pero me cuesta imaginarme qué puedo sacar en claro de pasarme dos meses saliendo de casa solo para ir al Mercadona o a la azotea. 

También es verdad que a las ocho de la tarde subo a la azotea y se me salta la lagrimilla, así que igual me termina pasando como con Selectividad, que en su momento no supe ver que era una fiesta, pero años después no podría estar más de acuerdo. 

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