01/04/2020: Autoficción

En el grupo de wasap de amigos soy el tonto que se cree más listo que el resto porque desmiente todos los bulos. Formo parte de la brigada anti-bulo. Todos nos creemos más listos que los demás. No lo digo yo, lo dice Dunning-Kruger, que es el nombre del efecto según el cual los seres humanos tendemos a considerarnos más inteligentes que el resto, midiendo de manera equivocada nuestras habilidades por encima de lo real. 

A medida que pasan los días, la rutina se va estableciendo y los temas se empiezan a desgastar. Me despierto por la mañana y ya no se me hace raro pensar que hoy no saldré de casa. Bromear diciendo que te alegras de tener que ir a hacer la compra ya no tiene gracia porque ya lo ha dicho todo el mundo en twitter, y mucho mejor que tú además. Las cosas se agotan, y pasa un poco lo mismo en la prensa digital, que la consulta diaria de periódicos estos días se me hace cada vez más repetitiva. Para satisfacernos, una vez que el recuento diario de muertos se nos ha hecho aburrido, han comenzado con la modalidad extreme de esta actividad: el recuento diario de famosos muertos. 

No quiero que esto termine convirtiéndose en una columna en la que solo se habla de la escritura amateur, pero la mente se me va ahí estos días, por algún motivo. Hablaba el otro día sobre lo de dejar de escribir. De alguna manera siempre eché la culpa de haberlo abandonado a cosas como la falta de tiempo provocada por la entrada en la vida adulta, a mi primer empleo en la empresa privada y a vivir de manera independiente por primera vez. Pero nada de todo eso era cierto, porque quien mató mis ganas de escribir fue Twitter. Yo era feliz con mi blog, con mis diez o doce puntuales lectores a quien nunca respondía en los comentarios, con mis posts repetitivos y con mi Dunning-Kruger en su apogeo, hasta que me instalé Twitter y me di cuenta de que allí siempre habrá centenares de personas que están escribiendo todo el tiempo sobre los mismos temas que escribes tú, pero desde perspectivas más originales, con más gracia, y más rápido. El poco tiempo que ya de por sí le dedicaba a escribir, ahora se lo dedicaba a la aplicación, y me pareció bien. Esbocé un par de veces un post de despedida, pero no me salió nada, así que lo abandoné para siempre como quien se va a dormir sin avisar mientras se celebra una fiesta en su casa. Una fiesta con poca gente en este caso. 

Me apunté una vez a un taller de escritura de novela, pero no escribí nada durante el mes que estuve inscrito. Llevé aquel proyecto de novela que había intentado escribir años atrás esperando quizás que la profesora me propusiera para el Nobel de Literatura, aunque su reacción fue más bien pedirme que dejara de leer porque en cuatro páginas había detectado cierto tono machista. No volví, por supuesto. Mientras dura el confinamiento estoy inscrito en otro taller de autoficción a distancia para el que tampoco escribiré nada, pero que pagaré religiosamente. Lo que hace la mayoría con el gimnasio lo hago yo con los talleres de escritura creativa. Menuda ostia tengo, ya me lo digo yo. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s