03/04/2020: Bacon frito

Hay que cosas que no se pueden parar, con pandemia o sin pandemia. No tengo Tinder, pero sí mucha curiosidad en saber qué estará pasando en esta red social estos días. Le pregunto a un amigo que entiende de estos temas y le hago el chiste de que si la gente está haciendo en Tinder igual que hacemos en Netflix, que nos guardamos lo que nos gusta a primera vista para consumirlo más tarde. Me dice que el chiste no tiene gracia porque eso ya se hacía en Tinder antes del confinamiento, así que nada nuevo. 

Más cosas que no cambian: yo planteando temas de debate en el grupo de wasap de primos (en el que soy el mayor) y que el interés sea cercano a cero. Temo seriamente que empiecen a verme como el meme del Señor Burns con el gorrito. En esta ocasión pregunto por el Top 10 de galletas de cada uno pero desisto enseguida al comprobar que los únicos que contribuímos somos los tres mayores del grupo, que pasamos ampliamente la treintena. Si algo he aprendido de esto es que la Generación Z está demasiado ocupada como para ponerse a hablar de galletas en medio de una pandemia mundial. Nueva lección de humildad. 

Los bancos, por ejemplo, parece que de momento tampoco cambian. Hace un par de días volvió a llamarme mi banco ofreciéndome un préstamo de varios miles de euros para “ese proyectito” que tenía aparcado desde hace un tiempo o simplemente para darme un capricho en estos días complicados. Con el FIB parece que tampoco va la pandemia, que me sigue enviando spam ofreciendo su abono de cuatro días a precio super reducido, a pesar de llevar casi diez años sin ir. Diez años sin ir al FIB y quiero que mis primos no me vean como al Señor Burns con gorrito, pero dónde voy.  

Otras cosas sí cambian, y no tengo explicación. Vivo en un edificio de vecinos ruidosos y mis ventanas dan a un patio interior que magnifica el sonido, con lo que oigo los mensajes de voz de la vecina de arriba, la puerta chirriante del de al lado y las discusiones por los deberes de los de más allá. Curiosamente, con el confinamiento, estando todos a la vez dentro de casa, se les escucha menos. Mi novia dice que es porque todos estamos muy concienciados de que hay que estar en casa y que tenemos que molestarnos lo menos posible los unos a los otros, y yo le digo que no sé. 

Mi novia dice también que estoy un poco arisco estos días, y yo le digo que no, y que me deje en paz de una vez, joder. Arisco estaba hace un rato, en el Mercadona, intentando abrir las bolsas de plástico de la fruta con los guantes que me han dado en la entrada, que me he pasado cinco minutos moviendo los deditos, bloqueando por completo el acceso al cajón de los aguacates. Ella insiste en que estoy de mal humor y busca remedio rápido: me pone en Youtube el video del bacon frito de Hora de Aventuras en varios idiomas. Escucho que en portugués cantan panqueques e tozinho y se me pasa todo.

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