Horizonte

Llevo veintitrés días confinado y empiezo a notar que me falta el espacio. Me falta espacio en el móvil, concretamente, de tanto meme, video de niño gracioso y audio falso de médico del Gregorio Marañón. Me va muy lento el móvil con tan poco espacio y me dedico a borrar fotos viejas y a eliminar apps que no he usado estos días ni usaré en semanas. Me desinstalo la app de alquiler de patinetes eléctricos pero me niego a quitarme la de resultados deportivos porque por algún motivo aún tengo la esperanza de ver los cuartos de final de Champions de la 19/20.

Espacio empieza a faltar también en casa, para qué vamos a engañarnos, que cuando alquilamos este piso, la variable cuarentena no la tuvimos en cuenta al mismo nivel que la orientación, el precio o la cercanía a un barrio molón. El resultado es el que es: faltan metros cuadrados por todos lados, la distribución es demencial al punto de que impide casi por completo teletrabajar a dos personas a la vez y las vistas al exterior se reducen a un patio interior de metro y medio de ancho. Para terminar de arreglarlo, han aparecido notas en la escalera, sin duda dirigidas a mí, recordando que no está permitido hacer lo que hasta ahora me mantenía dentro de los límites de la cordura: subir a la azotea a dar un paseo o a hacer series de sentadillas. A modo de venganza, entro en Fotocasa y compruebo que empiezan a estar disponibles para alquilar todas las viviendas que hasta ahora se utilizaban como apartamento turístico. Por tiempo limitado, eso sí, que en cuanto termine la pandemia hay que volver a forrarse como hasta hace nada. No me voy a poner muy digno con esto porque llevo años viajando solo con Airbnb, pero confieso que empiezo a arrepentirme un poco. 

Donde hace tiempo que está perdida la batalla del espacio es en la cocina, que los bricks de leche, latas de atún y sobre todo, botellines de cerveza consumidos durante videollamadas, se han apoderado completamente del banco junto al fregadero. Será la emoción de ver a gente después de días aislado, pero las cervezas me las bebo el doble de rápido si estoy en videollamada que en la vida real, no sé si solo me pasa a mí. El caso es que de tres domingos en confinamiento, dos me he levantado con resaca. 

Unos amigos tienen un hijo que, después de tantos días metido en casa sin hacer nada, cada vez que se despierta de la siesta se piensa que es un día nuevo, da los buenos días y pide el desayuno. Esto todavía no me sucede a mí, pero no descarto en comenzar a tener síntomas parecidos pronto, ahora que se empieza a rumorear que quizás no sea solo Abril el mes que nos pasemos metidos en casa. Entiendo la estrategia del Gobierno de no soltar todas las malas noticias de golpe, pero esto de no saber con exactitud cuándo termina el encierro, me desgasta poco a poco. No sé si esta viene a cuento, pero me apetecía meter ya mi primera cita literaria: ayer leía en El Colgajo, de Philippe Lançon que, por definición, el horizonte no está hecho para llegar a él, y la verdad es que tiene razón. Pero en estas circunstancias, saber mínimamente en qué fechas podré darme un paseo por la calle que dure más de lo que me cuesta ir hasta el kiosko de la esquina, me ayudaría a gestionar mejor la falta de espacio. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s