Pantalón corto

Decía el otro día Juan Tallón en una entrevista que todos tenemos un verano en el que nos sentimos invencibles. Ese verano en el que no te sientes ni demasiado joven ni demasiado viejo, sales mucho, conoces gente, ligas un poco y en el que parece que todo te sale bien. Tú en ese momento no lo sabes, claro, porque de esas cosas uno solo es consciente años después, y menos mal, porque si uno supiera que en esos instantes está viviendo el verano de su vida, menuda presión. Y menuda decepción, porque la idealización de los buenos tiempos también juega un papel ahí. 

El mío fue el de 2010, por cierto. Viajé por Europa del Este, desfasé en un par de festivales de música, estuve en fiestas de pueblos por encima de mis posibilidades y además España ganó el Mundial de fútbol. Me encanta hablar de ese Mundial, lo reconozco. No soy supersticioso, pero vi el campeonato entero con la misma camiseta. A partir de octavos de final, vi todos los partidos de la selección de pie en el salón de mi casa. La víspera de la Final dormí tirado en un campo de almendros. Ya paro porque seguro que todos tenéis batallitas parecidas.  

Hablaba el otro día con no sé quién sobre si era bueno o malo que el confinamiento hubiera caído justo en esta época del año. Había quien decía que mejor ahora que en invierno, que los días son todavía más cortos y oscuros y hubiera sido todo todavía más triste. Algún otro argumentaba que al habernos confinado a mitad Marzo nos estábamos perdiendo la primavera, que mola mucho lo del cambio de temperatura, el primer día que te pones pantalón corto, el alargamiento progresivo de los días y todo eso. En lo que estuvimos todos de acuerdo fue en que habíamos tenido suerte -de momento- es en que no hubiera caído en verano. Creo que si todavía estamos todos medianamente tranquilos es porque aún tenemos esperanzas de que va a existir el verano 2020. Que no nos quedemos sin verano, por favor. 

A veces le escribo a algún amigo diciéndole cosas superfluas como esa, y me pone un poco en mi sitio diciéndome que en realidad tenemos suerte, que tenemos casa, trabajo, entretenimiento casi infinito y nadie cercano que esté muy enfermo o fallecido -también de momento- y me siento mal por preocuparme si voy a tener verano o no, pero qué le voy a hacer, pienso en el verano. 

El primer día que me he puesto pantalón corto en 2020 ha sido para subir a la azotea a fingir que tendía, y la verdad es que fue una gran tarde. Es muy probable que para el verano todavía no esté permitido viajar al extranjero, con lo que las vacaciones las utilizaremos para ir a visitar más días a nuestros padres y a los amigos de siempre. De festivales casi mejor ni hablamos y hay hasta dudas de si podremos ir a cenar por ahí. Eurocopa y Olimpiadas ya dijimos que se aplazaron a 2021 y hasta el Tour parece que será este año en otoño. Pero qué queréis que os diga, dadas las circunstancias, tengo la sensación de que a poco que tengamos este año un poco de verano -libro en la playa, cervezas en el paseo y torrà al aire libre- poco le faltará al de 2020 para igualar a ese verano en el que nos sentimos invencibles. 

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