24/04/20: Aprendizaje

Se sigue diciendo a menudo lo de que vamos a aprender mucho de esta época de confinamiento. Por aprender, hay quien estos días aprende por qué la plancha tiene la forma que tiene. Aunque mejor no sigo con el chiste sobre lo poco que habrá plantado ese hombre en esta vida porque seguro que menos habré planchado yo, y no por pereza sino por convicción. Siempre digo que la vida es demasiado corta como para planchar o para ponerse a aprender alemán. Hace no mucho estuve llevando en coche al trabajo a un becario de unos diez años menos que yo, que se ponía de punta en blanco para ir a la oficina. No sé cómo salió el tema pero le comenté mis ideas sobre la plancha y el carpe diem. Me preguntó asqueado que si entonces iba siempre al trabajo “de arrugao” mientras me miraba como si yo le hubiera defendido que no pasaba nada por llevar la camisa llena de caca. 

A planchar no estoy aprendiendo estos días pero sí a otras cosas, como por ejemplo a llamar por teléfono a la gente a ver qué tal está. Siempre he sido de llamadas escuetas, de propósito concreto, secas y al grano. Cualquier llamada de más de un minuto y de propósito incierto se me hacía muy cuesta arriba. Con catorce años tuve que llamar a una chica con la que se supone que estaba saliendo para cortar con ella. No es que yo quisiera cortar precisamente, sino que ella vivía en otro pueblo a siete kilómetros de mi casa y las relaciones a distancia eran muy complicadas en los noventa. Recuerdo que antes de llamar apunté en un papel la lista de temas que quería tocar durante la llamada, incluyendo el último ítem: “cortar”. Si soy sincero, no tengo ni idea de cuáles fueron los otros cuatro o cinco asuntos del orden del día, pero imagino que serían cosas del estilo “qué tal el insti”, “has visto a tal o cual persona” o vete a saber qué. Daría ahora mismo una buena cantidad de dinero por leer ese guión magistral. De la llamada recuerdo también tirando a nada, más allá de mi sudor y el corazón a mil por hora. Sospecho que después del segundo tema fue ella la quien cortó conmigo y colgó rápidamente. 

Con el confinamiento le estoy cogiendo práctica a llamar porque sí y sin avisar a un colega, sin miedo a molestar o a ser pesado. Contra todo pronóstico, observo que no solo no molestan las llamadas sino que la gente las agradece e incluso parece pasarlo bien ese ratito. Ayer llamé a un compañero de trabajo a quien se le ha terminado el contrato estos días para preguntarle cómo lo llevaba y horas después me mandó un wasap para agradecerme la llamada. Casi se me salta un lágrima. 

Aprendizaje sorprendente: a la gente le gusta que le pregunten qué tal está y que les escuches un rato, quién lo iba a decir, eh. El siguiente nivel de aprendizaje es el de coger el teléfono cuando me llamen a mí, pero ese ya para la siguiente pandemia. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s