Bandeja de riñones

Esta semana hizo un año que me mudé a esta ciudad (y a este país, en realidad). Me encanta acordarme de esos primeros días en una ciudad de la que no conocía casi nada. Días que en aquel momento los vivía como vulgares y que hoy recuerdo como súper intensos. Siempre pasa esto. Nos ocurren cosas flipantes y no nos enteramos hasta meses después. 

Comenté este aniversario con una chica que acababa de conocer y lo primero que me preguntó al respecto fue si había podido hacer amigos durante este año, porque hacer amigos se le hacía a ella cada vez más difícil a esta edad. También pasa esto, y da bastante pena. Cumplimos treinta, nos ponemos a currar -y algunos incluso a tener hijos- y de repente hacer amigos es más difícil que subir de Segunda B a Segunda A. Me contaba esta chica que su novio siempre dice que hay que saber algo de fútbol para poder romper el hielo con otros tíos, no quedarse fuera de las conversaciones y así poder hacer amigos. Por supuesto le di la razón a su novio y por poco le cuento la historia de mi amigo Michal el checo, que a la mínima que puedo la suelto (aquí ya la conté). También sobre esto dijo el otro día Layla Martínez en Twitter: hacer amigos a partir de los 30 es como poner pegatinas que no se pegan, o algo así. 

Sobre hacer amigos va Euphoria, la última que he visto en HBO, una serie repleta de penes explícitos y historias fascinantes de peña de quince años que se monta a unas fiestas a las que yo no he ido en mi vida, y que ya no iré. Que mi mayor aspiración a los quince años era seguir jugando un gol-portero bajo de casa, joder, y esta gente tiene una facilidad para drogarse y tener sexo con gente guapísima que acojona. Que igual lo más parecido que he tenido yo en mi vida a Euphoria fue cuando en mi veinticinco cumpleaños nos quedamos todos en calzoncillos en el piso de un amigo, un poco porque me los acababan de regalar y otro poco por aburrimiento y por hacer la gracia. Después de Euphoria me he puesto a ver Girls y la cosa no mejora en ese sentido. Me gustan mucho las dos series, eso sí. 

He tenido alguna vez esa sensación de las pegatinas que no se pegan. Quedar con alguien para ver la ida de los octavos de final de Champions, ilusionarte con haber conocido a un tío majo, y esperar como un tonto a que te manden un wasap para ver el partido de vuelta (sin éxito). Eso no me pasaba hace diez años: en junio de 2008 quedé una tarde con el colega del piso en el que nos quedamos en calzoncillos para ver el partido inaugural de la Eurocopa de 2008 y prácticamente del tirón y sin haberlo planeado nos vimos el torneo entero en el mismo bar, el Paco´s, que estaba a dos minutos de su casa. Un bar en el que cada vez que entrábamos, sin habernos saludado, el dueño entraba en la cocina a prepararnos cualquier cosa sin preguntarnos qué queríamos tomar. Mi colega y yo creíamos firmemente que Paco nos cocinaba lo mejor que tenía en la despensa, aunque lo que muy probablemente hacía el cabrón era sacarnos lo que ese día tenía a punto de caducar. Le cogimos cariño a Paco también, aunque no viera ni un minuto del Croacia-Turquía con nosotros. Una noche nos sacó una bandeja de riñones de vete a saber qué animal y nos la comimos entera como si fueran ostras. El bar tampoco se llamaba Paco´s, pero nos gustaba llamarlo así.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s