Gente normal

Últimamente me he obligado a apuntar en una libretita frases que leo en libros y me parecen interesantes, con la idea de incluirlas en algún momento en los textos que publico aquí. Lo que sucede a menudo es que abro la libretita días después esperando encontrar un material increible que me inspire a escribir columnas muy profundas, pero no les veo nada de especial a las cosas que he apuntado. Las miro, las releo y no les encuentro la gracia o la genialidad por ningún lado, y me quedo sin entender qué vio allí mi yo del pasado en aquella frase insulsa. Esta es la última que me he encontrado, sacada de la novela Gente Normal de Sally Rooney: “su personalidad le parecía como algo externo a sí mismo, gestionado por las opiniones de otros, más que algo que hiciera o produjera él individualmente”. Dime qué quieres que haga con esto, yo del pasado. 

Me pasa algo parecido con Netflix (y Amazon Prime y Filmin y todas las otras plataformas). Cuando no tengo tiempo de ver nada, me entretengo mirando los catálogos en busca de novedades y de joyas ocultas. Casi siempre encuentro varias películas o documentales que me parecen interesantísimos, me los guardo en favoritos y me entran unas ganas tremendas de verlos, cuando tenga tiempo. Días después, con horas libres por delante, reviso la lista de favoritos y no me apetece ver nada de lo que hay allí. Todo me parece muy serio o muy largo y me pregunto de nuevo qué le vi de interesante a aquellos documentales tan raros. Así que casi siempre termino por no ver nada, o por ponerme una peli que ya he visto, con lo que la lista de favoritos va incrementándose hasta el infinito sin llegar a haber visto ninguna de esas maravillas. 

Encuéntrale explicación a esto, si puedes. Cosas que nos parecen interesantes para un futuro cercano, pero no para el presente. Es un poco como quien se compra seda dental porque se lo dice el dentista, se emplaza a sí mismo a usarla a diario pero termina guardándola en el armario del baño junto al resto de sedas dentales anteriores. 

A punto de que terminara el confinamiento, con la Liga a punto de volver, me dije que bajaría casi todas las noches al Bartolina a ver el partido de cada noche. El plan me parecía interesantísimo, porque no solo estaría al día de lo que sucede en el campeonato, sino que ayudaría al comercio local a recuperarse, me haría casi íntimo del Márquez y podría empezar a conocer a fondo a los curiosos clientes habituales, que igual te comentan el arte con la que ponía las banderillas El Fandi que lo bien que está gestionando su carrera Miley Cirus. Incluso vería Bundesliga si hacía falta, para comprobar si de verdad es tan bueno Dani Olmo o si Haaland las mete tan fácil como parece en los resúmenes. 

El resultado de este plan magnífico no hace falta que lo cuente pero se lo puede uno imaginar. He bajado dos noches al Bartolina y no he hablado con nadie.  

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