Mateja Kezman y las vacaciones

No soy nada original si digo que el mejor día de las vacaciones es justo antes de que empiecen, cuando las ves enteras delante tuyo, limpias como unas zapatillas nuevas que todavía tienen la suela blanca. En el horizonte solo se vislumbran días repletos de pachangas de voley-playa y noches de cerveza fría bajo una luna llena enorme. 

El día previo a que empiecen las vacaciones es un poco como el viernes justo anterior al de la primera jornada de Liga. Tu equipo ha fichado a varios jugadores con experiencia en la categoría, a otros jóvenes ilusionantes que provienen de filiales de equipos grandes, algunos incluso con pasaporte inglés o brasileño, como si eso fuera garantía de algo. Y te ilusionas, claro. 

Inevitablemente, a medida que van pasando los días, las vacaciones se te van desgastando muy rápido, las chanclas se te rompen, los planes no salen como estaba previsto y cuando te quieres dar cuenta ya solo quedan dos días para volver al trabajo y esa noche no hay nadie con quien quedar. 

Recuerdo una temporada en la que ya llevábamos cinco o seis temporadas seguidas en Segunda B, la mayoría de ellas sin pisar playoff, y se fichó ese verano a quince jugadores completamente desconocidos. La dirección deportiva justificó su apuesta diciendo que esa temporada “se había decidido apostar por un equipo de hombres, más que de nombres”. El argumento sonó en principio convincente y todos nos volvimos a ilusionar, obviamente. En lo que no reparó nadie fue en que lo extraño hubiera sido lo contrario, es decir, apostar por “un equipo de nombres, más que de hombres”, pero la afición dio el visto bueno. Creo que no hace falta que lo aclare pero esa temporada quedamos duodécimos y muchos de esos hombres ya estaban fuera en enero. En otro inicio de temporada, un amigo muy colchonero se ilusionó al máximo porque el Atlético había fichado a Mateja Kezman, y pronosticó que ese año volverían a hacer doblete, con el bueno de Mateja de máximo goleador en todas la competiciones. Si queréis lo digo, pero ya os lo imagináis también: el Atlético quedó décimo en Liga, Kezman metió ocho goles y la temporada siguiente ya estaba en el Fenerbahçe. Lección: tanto al inicio de la temporada futbolística como de las vacaciones, ilusiones y expectativas las justas, que luego vienen los lloros. 

La situación sanitaria no permitía este año muchas alegrías en cuanto a las vacaciones, con lo que las expectativas estaban por mi parte tirando a bajas. Playa, piscina, montaña, cenas con amigos y poco más; todo por la provincia y sin ver a más gente de lo estrictamente necesario. A toro pasado, y faltándome todavía perspectiva, tengo la sensación de que pueden haber sido las mejores vacaciones en mucho tiempo; unas vacaciones en las que he llegado a tener algo que hacía mucho tiempo que no tenía: una rutina veraniega. Que haya disfrutado tanto estas vacaciones -en las que me he permitido el lujo de hacer varios días lo mismo sin sentirme culpable- da que pensar: igual hasta ahora he estado haciendo las vacaciones mal. O igual es que no se podía hacer otra cosa, que eso también influye, vete a saber. 

El caso es que, sin haber cambiado al entrenador, sin haber fichado a prácticamente nadie, sin haber remodelado el estadio ni haber hecho una campaña de captación de socios masiva, siendo mi objetivo únicamente la permanencia, he conseguido este verano clasificarme como mínimo para la UEFA. Mínimo. 

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