Ramón Enríquez con el exterior del pie

Sin entrar en detalles que no vienen al caso, este fin de semana he tenido que ir a casa de mis padres y a la vuelta cruzarme España en coche. Como no soy un gran conductor, les di a esas ocho horas en coche una importancia que seguro no tenían y planifiqué meticulosamente todo el trayecto. Parte de esta planificación fue la música: llevaría mi funda antigua de CDs con todo lo que escuchaba hace diez años o así. Para no tener que andar rebuscando en la funda mientras conducía, saqué cuatro o cinco y los puse en el asiento del copiloto. La planificación llegó a este nivel de detalle: para cuando llegara la puesta de sol, me pondría mi disco favorito de Sigur Rós. 

Cuando el cielo se empezó a poner naranja metí el CD. La voz de Jónsi y el ruido desordenado de los instrumentos alcanzaban el punto de épica culminante en el momento exacto: centenares de aerogeneradores se recortaban contra una luz cegadora mientras el sol se ponía sobre la Mancha. Lucecitas rojas colocadas sobre las turbinas parpadeaban todas al mismo ritmo. Cuando ya solo parecía que el siguiente paso era ponerse a llorar, el CD (que es viejo y está muy rayado) salta, la música se acaba de golpe, aparece de golpe Carrusel Deportivo con el Elche-Real Sociedad y la magia se ha roto para siempre. A veces las cosas no salen como planeamos. 

Sin ir más lejos, el fin de semana pasado, mi equipo jugó en casa contra un equipo que puso de extremo izquierdo a un canterano diestro con cara de niño y el número 30 a la espalda. Sin haber participado demasiado, el chaval recibió en banda en el minuto 18, miró al punto de penalty, vio a un compañero que cargaba el área y como jugaba a pierna cambiada, le dio con el exterior del pie derecho. El balón cogió una parábola imposible y se coló al segundo palo por la escuadra. Fue el típico golazo que si te lo hace Modric dices: qué cabrón Luka, cómo las pone con el exterior. Pero como lo hizo Ramón Enríquez Rodríguez (así se llama el chaval, no es un chiste) pues ya dudas de si chutaba o si centraba. Dudas un poquito más cuando ves la cara de Ramón en la celebración, que parecía debatirse entre celebrarlo a tope o volver a su campo discretamente. Y ya dejas de dudar por completo cuando ves a los compañeros del chico descojonados en el banquillo, que también dices: menos cachondeo con Ramón, que por lo menos ha sido titular. 

En fin, que me lío. Que el partido acabó 0-1 y el chaval seguro que se llevó el balón a casa o por lo menos lo intentó. No sé si Ramón planificó ponerse Sigur Rós en los cascos mientras el autobús les llevaba al campo o si pasa de estas chorradas. Lo que está claro es que gracias a su golpeo con el exterior, su equipo se llevó los 3 puntos de un campo difícil, y fijo que en el viaje de vuelta a casa pensó algo así como: a veces las cosas no salen como planeamos, pero salen mejor. 

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