Gol del Peñíscola

Cuando parecía que la situación sanitaria empezaba a estar más o menos controlada, nos llevamos una pequeña ostia. Los contagios se incrementan, las restricciones se endurecen y el virus está otra vez entre nosotros. Nos ponen toque de queda a las 23h, todos se quejan y yo me uno al coro de protestas aunque en realidad finjo. Me encanta el toque de queda a las 23h porque se ajusta a la perfección a los que llevan siendo mis horarios los últimos años aunque me cueste reconocerlo. Ahora se normaliza el estar todo el mundo a las 23h en casa y yo ya no sufro de FOMO. 

Hablando de ostias, seguro que lo habéis visto en Twitter. Hace una semana se jugaba un Vinaroz-Peñíscola de Primera Regional Valenciana. Ya en el descuento, con 0-1 para los visitantes, el portero del Vinaroz sube a rematar un córner, recoge un rechace en la frontal del área y marca un golazo colocándola con el interior del pie. El portero del Vinaroz -Carlos Aguayo- lo celebra tirándose al suelo, abrazado a todos sus compañeros, quizás llorando de la emoción. Me atrevo a decir que Carlos Aguayo se encuentra en esos instantes viviendo el mejor momento de su carrera deportiva. 

No obstante, hay veces que al fútbol (a Don Fútbol, como dice Enrique Ballester) y a la vida les da por soltarnos una ostia y ponernos en nuestro sitio. El Peñíscola saca rápido de centro, Carlos está todavía despistado por su hazaña, el delantero chuta desde el centro del campo y el final de la historia ya os lo imagináis: gol, final del partido, derrota del Vinaroz, el mejor momento de tu carrera deportiva ha durado diez segundos y todo es una puta mierda. 

Las ostias están bien porque te quitan la tontería. Hace diez años -todo lo que se cuenta en esta web ha ocurrido hace diez años- me fui a vivir al extranjero y conocí a una chica que me gustó enseguida. A los dos días nos tomamos una cerveza. Al cuarto día compartimos un cigarro de liar. Al séptimo fuimos al cine. Al undécimo le grabé un CD recopilatorio. El día catorce le cogí de la mano y el día diecisiete la besé. Con semejante progresión, lo normal hubiera sido al día veintiuno irnos a vivir juntos. Por fortuna, la ostia llegó a tiempo: la mañana después del beso me mandó un SMS para decirme que había quedado con su novio Tom y que mejor que no nos viéramos más. Gol del Peñíscola. 

Nos hemos llevado una ostia este otoño, sí, pero estamos de pie. Al menos hemos aprendido cosas: como decía Antonio Agredano hace poco, esta situación no nos hará mejores, pero la verdad es que tampoco éramos tan malos antes. Hemos aprendido también chorradas que jamás pondremos en práctica, como que no hay que dejar el gel hidroalcohólico dentro del coche porque pierde propiedades con el calor. Lo único que queda ahora es hacer lo que seguramente hizo Carlos Aguayo después de encajar el gol desde el centro del campo. Ducharse, volver a casa, dormir mal y presentarse al entrenamiento del día siguiente con ganas de hacer un buen partido contra el Morella. No queda otra. Eso, y volver a casa antes de las 23h.

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