Seguir jugando a toda costa

Esta semana se ha retirado Fernando Gago. De Gago recuerdo que cuando llegó al Real Madrid en Enero de 2007, el equipo estaba fatal. Pocos días después de su llegada, antes de un partido en A Coruña, el entonces presidente Ramón Calderón bajó al césped a conversar con Capello. En esta conversación Calderón le preguntaba de manera lastimosa a Capello: “¿Te gusta Gago?”. Lo preguntaba dando muchísima pena, buscando la aprobación de Fabio, que prácticamente no le hacía caso. Estaba clarísimo que a Capello no le gustaba nada Gago, y esto Calderón debía de sospecharlo ya, pero se lo preguntaba de todas formas. Porque a Gago lo había fichado él y necesitaba que Fabio le dijera que sí, que le gustaba mucho y que le auguraba una carrera muy prometedora en el club. Pero Fabio no decía nada. Me recordó Calderón a mí mismo hace unos años, pero en el lugar de Capello estaba mi novia y en el lugar de Gago había un ukelele. 

En ocasiones, la gente toma decisiones incomprensibles. La mía fue precisamente esa: regalarle a mi novia para su cumpleaños un ukelele, cuando ni tocaba un instrumento, ni había mostrado especial interés en hacerlo. Otro ejemplo: el otro día vi a un frutero ecuatoriano en Sevilla que llevaba la camiseta de Higuaín en la Juventus. Qué mecanismos de decisión se han producido ahí para que alguien tome una decisión así -casi contracultural- es algo que me desconcierta. ¿Más decisiones incomprensibles? Más: mi abuela tenía en la mesa camilla, junto a la foto de todos sus hijos y nietos, una foto de Obama. Cada vez que iba a comer un arroz al horno a su casa, allí estábamos todos juntos: mis padres, mis tíos, mis primos y la sonrisa carismática de Barack Hussein Obama. Cómo llegó mi abuela a este nivel de fascinación por el presidente de los Estados Unidos es algo que nunca llegué a comprender, igual que tampoco entenderé cómo llega un frutero ecuatoriano a comprarse la camiseta del Pipita en la Juve. 

Ya volvemos a Gago. A finales de 2018, Fernando Gago se había roto tres veces el tendón de aquiles y una vez el ligamento cruzado. Ese mes de noviembre, cuando ya estaba de vuelta en Boca Juniors, jugando la final de la Libertadores contra River en el Bernabéu, salió en el minuto 89 con empate en el marcador para jugar la prórroga. A los veinte minutos de salir al campo, volvió a romperse el mismo ligamento. Boca, además, perdió contra su rival histórico. 

A causa de estas lesiones, Gago había estado ya más de 800 días de baja. En otra decisión difícilmente comprensible, en lugar de tirar la toalla y retirarse de una vez, se recuperó y siguió jugando, esta vez en Vélez Sarsfield. Evidentemente no vi ningún partido de Gago en Vélez, pero imagino que ya debió jugar medio cojo, lento, quizás solo los minutos de la basura. En Enero de 2020, el ligamento se le volvió a romper y ya no jugó más. Pasó los últimos 200 partidos de su carrera deportiva lesionado, como no podía ser de otra manera. Muy duro seguramente para un jugador a quien con 19 años comparaban con Guardiola y Redondo. Algo habrá que aprender de Fernando Gago y de su decisión incomprensible de seguir jugando a toda costa. 

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