La coherencia de Dani Güiza

La otra tarde, mi mejor amigo del colegio me envió por whatsapp la foto de un libro. Concretamente, un libro que fuimos a comprar juntos hará unos 25 años, uno de la colección “elige tu propia aventura”. La aventura consistía en que, como lector, eras el entrenador de un equipo de pueblo que va avanzando rondas en la copa de su país. A medida que ibas leyendo, elegías las opciones que se te presentaban. En función de ellas, el equipo marcaba goles y pasaba de ronda; o fallaba y caía eliminado. Debimos de leer este libro diez o doce veces como mínimo cada uno. Recuerdo que nos lo turnábamos por semanas. Casi se me salta una lagrimilla al ver la foto. Dale ese libro a un adolescente de hoy -decíamos mi amigo y yo- y lo mínimo que hará será reirse en tu cara por lo arcaico del instrumento. 

No me voy a quejar de los adolescentes de hoy porque bastante tienen ya con la que están aguantando. Se les criminaliza muy fácil como si fueran los culpables únicos de la pandemia mundial, por dedicarse a hacer únicamente lo que hubiéramos hecho cualquiera de nosotros en su situación: buscar un lugar decente para hacer botellón y enrollarse con la chica que te gusta si suena la flauta. 

Volviendo a lo arcaico. Para cosas antiguas en el mundo del fútbol, los saques de puerta en largo. La imagen del típico defensa fuerte mandando el balón lo más lejos posible ya nos suena a prehistoria. Hasta resulta ya extraño ver al portero enviándola directamente al centro del campo: ahora todos los equipos la sacan jugada desde atrás. Pase en corto del portero al central, este juega con el lateral y si es necesario, de nuevo con el portero, que en ataque se convierte en un jugador de campo más. Atraes la presión del rival y si consigues salir limpio, espacio libre para correr. Si fallas en la salida, a la siguiente lo vuelves a intentar. Y a la siguiente también, aunque hayas encajado gol. Lo importante es mantener la coherencia de tus ideas. Como cuando a Dani Güiza le preguntaron por su película favorita (“Torrente”), su actor favorito (“el que hace de Torrente”) y su actriz favorita (“la que sale en Torrente”). Un tipo coherente, el bueno de Güiza.     

A los porteros ya casi se les pide que sean tan buenos con los pies como lo son con las manos. El mejor en esto es, por supuesto, Marc André Ter Stegen, el portero del Barcelona, que por costumbre da más pases buenos que bastantes centrocampistas de la Liga. Cada vez que veo a Ter Stegen dar un pase medido de treinta metros, me acuerdo de cuando me llevé a mi novia al bar del Márquez a ver un Madrid-Barça. Por meterla en dinámica de partido, le conté que Ter Stegen era el mejor portero del mundo con los pies. En una demostración de coherencia aplastante, ella me respondió que vale, que entonces mejor que los del Madrid le chutaran por arriba. Cómo no la voy a querer.

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