Juega Morata

Hace un par de semanas probé una cafetería nueva para desayunar. Ese día el camarero hizo un chiste sobre la Pantoja. El segundo día me dio el puñito para saludarme. El tercer día me escribió “siempre happy” en la espuma del café. Ahora ya somos casi íntimos y solo desayuno allí. Es reconfortante entrar en un sitio y sentir que te conocen, que caes bien. Sentarte en tu mesa habitual y que te traigan la tostada sin pedirla, que te saluden con el puñito en época de pandemia mundial y que te rían las gracias.  

Con amigos, en tu entorno, todo sale mejor. Estás con un grupo de semi desconocidos y eres reservado, algo rancio. Estás con tus amigos y de repente te conviertes en una mezcla entre Ignatius Farray y Louis CK. Yo soy más gracioso e inteligente con mis amigos alrededor, y sospecho que vosotros también. Algo así le debe de suceder a Morata en la Juve. En Turín, por lo que sea, es el único sitio en el que se encuentra entre amigos. En 2014, con 22 años y cansado de no consolidarse en el Madrid, se fue para allá. En muy poco tiempo, y con minutos escasos, se hizo importante e incluso marcó goles increíbles, como aquel en Múnich. Ante la evidencia, el Madrid no tuvo más remedio que volver a ficharle porque Morata ya se había hecho mayor. No obstante, volvió a no funcionar. Un año más tarde ya estaba en el Chelsea y dos después en el Atlético de Madrid. La historia siempre era la misma. La cosa empezaba bien (el primer chiste hacía gracia), pero a partir de ahí todo iba hacia abajo. Morata empieza a fallar sus primeras ocasiones claras, se mete constantemente en fuera de juego e incluso se hacen memes con él cuando le dan patadas criminales por detrás. Morata en España nos parece un niño pijo, un tío que falla ocasiones clarísimas y siempre está en fuera de juego. Morata en España no está entre amigos. 

Esta temporada, ya con 28, Morata ha vuelto a la Juve y muchos nos preguntábamos qué pintaba a estas alturas allí. Pues mucho, al parecer. Se nos olvidaba que algo tiene Turín con Morata y ahí lo tienes en diciembre: máximo goleador de la Champions con seis goles en seis partidos. Seguro que allí no se ríen de él cuando se mete por cuarta vez en fuera de juego. Morata está en su salsa en Turín. 

Cuando veo a Morata siempre me acuerdo del día que conocí a la abuela de mi novia, una mujer de 95 años en aquel momento. Me habían contado tres cosas sobre ella: que era de típico carácter castellano-leonés fuerte, que le gustaba mucho el fútbol y que era del Madrid a muerte. El día en cuestión era verano, llegué a su casa y en la tele estaba a punto de comenzar el típico partido intrascendente de pretemporada. Debía de ser 2013 o 2014, la época en que Morata, ni mucho menos conocido por el aficionado medio, comenzaba a aparecer por el primer equipo y en determinados círculos de entendidos ya se hablaba de él como posible jugador de primera división. Me senté al lado de la señora y por pura cortesía le pregunté cómo veía el partido, esperando que me contestara alguna obviedad como “a ver si ganamos” o similar. 

“Juega Morata”, me dijo ella muy seria, sintetizando a la perfección el verdadero y único punto de interés que tenía aquel partido de pretemporada. Siéntate a ver el fútbol ahora mismo, me dije a mí mismo de inmediato. Estás entre amigos. 

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