El tumbao de la barrera

Quien dice que no le gusta el fútbol moderno es que no se ha fijado bien: ahora, cuando se produce una falta peligrosa en contra al borde del área, se ha puesto de moda colocar un jugador tumbado detrás de la barrera para evitar que el rival chute raso y el balón se cuele por ahí debajo. A ese jugador, sea quien sea el sacrificado, yo siempre le cojo cariño y sé que no es original, pero a mi me gusta llamarlo “el tumbao”.

El tumbao de la barrera es ese miembro del equipo que se sacrifica para que al resto le vaya mejor. El tumbao es ese amigo que hace bulto al salir de fiesta, que cuenta algún chiste malo de cuando en cuando y que aguanta hasta la hora que haga falta para que otro ligue. El tumbao es ese amigo que vive los éxitos del resto desde fuera y que se alegra igual. El tumbao es ese amigo que folla por proxy, como dicen Hematocrítico y Noel Ceballos en Los Hermanos Podcast. El tumbao de la barrera eres tú la mayor parte del tiempo, en realidad. 

Todos hemos sido en algún momento de nuestras vidas el tumbao de la barrera. Podría rescatar unas cuantas, pero contaré una que ya he contado en otros sitios. Hace diez años -cómo no- andaba detrás de una chica que no me hacía mucho caso. Una noche de domingo me escribió un mensaje de texto para invitarme a ver una peli en su casa, lo cual yo interpreté de la única manera que se podía interpretar. Y que trajera unas coca-colas, añadió. Me presenté en su casa en tiempo récord con mínimas intenciones de ver una película, para encontrarme en el salón a la chica en cuestión y a su compañero de piso, ambos con la firme intención de ver una película y nada más que una película. Gracias por las coca-colas, tumbao de la barrera, les faltó decir a modo de saludo. 

El tumbao de la barrera han sido este año todos los que se iban a ir de erasmus, que no se han ido ni se irán. Hay quien ha terminado haciendo erasmus online, joder, es que no se puede ser más tumbao de la barrera que eso.  

Si lo pienso, me doy cuenta de que este 2020 todos hemos sido un poco el tumbao de la barrera. Todos nos hemos visto obligados a sacrificarnos por nosotros mismos y por los demás, a no viajar, a socializar menos, a no salir por la noche. Resulta extraño pensar que llevamos casi diez meses sin salir de fiesta, pero es así. Hay sábados por la noche en que me doy cuenta de que es sábado por la noche y echo de menos el estar en algún local oscuro, con una cerveza medio caliente en la mano y la última de Rihanna de fondo. No os preocupéis, enseguida se me pasa y me digo a mi mismo que a quién pretendo engañar, que lo que en realidad echo de menos no es salir, sino que me apetezca salir. 

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