Tres victorias seguidas

Ya lo dije aquí hace dos semanas: al empezar este año desactivé mi cuenta de Twitter para tener más tiempo para hacer otras cosas. ¿Qué cosas, concretamente? Me preguntó el otro día un colega, y era una buena pregunta. Hay ratos en la vida en los que lo único que puedes hacer es mirar el Twitter. 

Una consecuencia clara de dejar Twitter después de mucho tiempo dentro es esta: no me entero de nada de lo que pasa. O más bien, me entero de las cosas a la velocidad a la que nos enterábamos no hace tanto tiempo: a los pocos días, sin urgencias, por el periódico o porque te lo cuenta tu novia en el desayuno. Al parecer ha habido estos días unos chavales en Estados Unidos que han troleado a grandes fondos de inversión comprando masivamente acciones de empresas al borde de la quiebra. Algo así. No me he enterado muy bien porque el periódico daba por supuesto que yo era un experto en inversiones. Con Twitter en el móvil tampoco lo habría entendido mejor, pero al menos me habría enterado antes, y ahora ya estaría a otra cosa. Echo un poco de menos, debo confesar, a Mr Winters, La Crono o Arroba Mongolear. 

Mi equipo ha echado al entrenador al acabar la primera vuelta, de eso sí que me he enterado. Casi siempre da pena que echen al entrenador, sobre todo en temporadas en las que el principal y casi único problema es que la plantilla es muy floja. Más todavía cuando fue el entrenador que te salvó de bajar a Tercera y el que te subió a Segunda poco después. Echar al entrenador que te subió a Segunda es un poco como romper con una pareja con la que te pasaron cosas chulas. Al principio de la crisis quieres aguantar por los buenos tiempos, con fe de que el equipo responda y lleguen tres victorias seguidas. El caso es que casi nunca llegan las tres victorias y al entrenador hay que echarlo. Hay veces que no hacer nada es la decisión más arriesgada. 

Una decisión habitual de las directivas en estas circunstancias es volver a traer al típico entrenador de la casa, que sería el equivalente de liarte con una ex-novia. No hace falta que explique que esto casi nunca sale bien, y sino acordaos de Radomir Antic y el Atlético, que se lo trajeron en 1999 para que salvara el equipo, solo tres temporadas después de haber ganado el doblete y terminaron bajando a Segunda. Una amiga me lo dijo hace tiempo: enrollarte con tu ex-pareja debería considerarse necrofilia. Suena bestia, pero había verdad en esas palabras. Un brazo, Rado. 

Al final hemos terminado trayendo a Juan Carlos Garrido, uno que entrenó al equipo del pueblo de al lado hace unos años, que vendría a ser como enrollarte con la ex de un colega, pero voy a parar ya con estas analogías que no llegan a ningún sitio. De Garrido dije muy convencido hace años que pronto estaría entrenando al Barcelona, y de ahí en adelante su carrera fue: Brujas, Betis, Al-Ahly, Al-Ettifaq, Raja, Al-Ain, Étoile Sahel y Wydad. Así que mucho caso tampoco me hagáis con estas cosas.

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