Acertar el captcha

Esta semana vuelven los octavos de final de Champions, y menos mal. Hay semanas en las que no pasa absolutamente nada de interés. Semanas en las que los días se arrastran uno detrás de otro sin mucho que llevarte a la boca. Enero suele ser ese mes lleno de semanas en las que no pasa nada, y este enero todavía más, por motivos obvios. 

Esta es una temporada mala para contar cosas interesantes sobre tu vida. El otro día me escribió un colega para preguntar qué tal y lo única información interesante que tuve para compartir era que había salido a correr un par de días, a pasear junto al río y a escuchar cuatro podcasts. Es decir, exactamente lo mismo que le había contado hace un mes. 

Leía el otro día en el periódico que la ciudadanía está cansada de vivir tiempos extraordinarios e interesantes, y yo digo que sí, que vale, que entiendo que se refieren a la pandemia, y que tenemos ganas de que dejen de agobiarnos con medidas de confinamiento y cifras de contagiados. Pero igual lo que nos hace falta es que nos pasen más cosas, igual no extraordinarias, pero sí más, en cantidad. Que nos estamos acostumbrando a que a las ocho de la tarde no se oiga ni un ladrido en la calle y eso no puede ser bueno, que a ver quién aguanta luego a los juerguistas cantando flamenquito a medianoche en las mesas del Pelícano. 

Siempre hace ilusión cuando vuelven los octavos de final de la Champions, y eso que todos los años en un poco lo mismo. A veces pienso en si llegará algún enero en que me dé exactamente igual si vuelven los octavos de final de la Champions o no, si encontraré algo mejor que hacer en todo ese tiempo. Tengo amigos a los que les ha ocurrido. Amigos a los que les gustaba esto tanto como me gusta a mí, que dormían con las sábanas de su equipo favorito y que hoy no saben ni a qué hora es el partido. Me sabe mal por estos amigos. 

Hay semanas en las que no pasa casi nada, y está bien, hay que conformarse con lo poco que traigan. Como Michael en un capítulo de The Office, que frente a una experiencia traumática, ve pasar la vida ante sus ojos y resulta que en el futuro tiene cuatro hijos, y una casa flotante, y una mujer runner, y es feliz, y rico, y además inmortal. Y que sabe que no parece mucho, pero que él se conforma. 

Hay que saber conformarse con lo bueno que venga, aunque a veces sea poco, como hace nuestro querido Michael Scott. Esta semana me conformaré con acertar el captcha del Zoom a la primera, que cada vez me cuesta más demostrarle que no soy un robot. A veces solo hace falta eso, aceptar el captcha a la primera y afeitarte por la mañana para sentirte mejor. Eso y acordarte de que el martes vuelven los octavos de final de la Champions.

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