Muy poca épica

Para empezar, un chiste malo. Hoy se cumple justo un año de dos hechos históricos y desgraciados: el gobierno declaró el estado de alarma en España por la pandemia de covid-19 y yo empecé a escribir estas columnas.

Hay curiosidad por ver cómo se percibirán aquellos días dentro de veinte o treinta años. Mucha gente sostiene que será nuestro 23-F. ¿Qué hacías el 14 de Marzo de 2020?, nos preguntaremos unos a otros dentro de unos cuantos años. Mi respuesta tendrá muy poca épica: me fui a El Corte Inglés a comprar algo para la cena, diré.  

Tengo dos amigas que el día que se declaró el estado de alarma se fueron al campo a buscar espárragos. Y bien que hicieron. Hubo mucho cachondeo en el grupo de amigos del whatsapp con lo de los espárragos, y todavía lo hay. Los espárragos se han convertido en una especie de símbolo, no sé muy bien de qué. Cuando alguien se queja de lo poco que cumple la gente las normas anti-covid, otro alguien saca de nuevo a la luz el tema de los espárragos, y nos reímos un rato. 

Ahora suena a chiste macabro, pero el día que nos encerraron en casa, mi principal preocupación era si se disputaría la Final de Copa del Rey, que ese año se jugaba en la ciudad en la que vivo y se esperaba un ambiente fantástico. La Final estaba prevista para el 4 de abril. Ese día se notificaron 932 fallecidos en España, el segundo día con más muertos por la pandemia. A día de hoy, ese partido todavía no se ha jugado. Muy bien ubicadas mis prioridades el 14 de Marzo de 2020. 

No sé si les ocurrirá a otros, pero con el tiempo he ido idealizando algunas de las cosas del confinamiento extremo. Las subidas a la azotea a escuchar Carne Cruda, las excursiones rápidas al kiosko a por el periódico del domingo y las llamadas por teléfono continuas en las que todo el rato nos contábamos las mismas cosas unos a otros. Pienso en aquellos días y la sensación que me viene es la de estar viviendo algo especial, como una aventura de andar por casa. Es obvio que siento esto porque en ningún momento me afectó de lleno la enfermedad. Pero un poco también porque con el paso del tiempo terminamos por idealizarlo casi todo, desde las fiestas a las que hemos ido, las relaciones que hemos tenido hasta los partidos que más nos marcaron. Los expertos te dirán que es un mecanismo de no sé qué, y me parecerá bien. También tengo claro que nunca me veré repetido el Holanda-Rusia de la Euro 2008, por si acaso.  

Si me preguntan si aprendí algo el año de la pandemia, lo primero que me vendrá a la cabeza será lo siguiente: el truco para no dormirse viendo una película es poner una película buena. Por lo demás, justo un año después todo sigue más o menos igual: mis amigas lo celebraron yéndose otra vez a por espárragos, el estado de alarma sigue declarado y aquí llega una nueva columna sin importancia. 

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