Qué opinará Neville de la Superliga

Gary Neville, el ex-jugador del Manchester United, habló ayer de la Superliga para decir que le parece una absoluta desgracia, pura codicia, y que es un acto criminal de los clubes involucrados hacia los aficionados. No seré yo quien se ponga a matizar al bueno de Gary. Aprovecho la ocasión para contar que cuando viví en Inglaterra conocí a otro Neville (en este caso, era su nombre de pila). 

Los miércoles, al salir del trabajo, nos juntábamos unos cuantos en el instituto de Kineton para echar un partido de fútbol 7. Estos partidos tenían la mezcla perfecta de colegueo y competitividad. El nivel de los jugadores era aceptable y había siempre buen ambiente. Jugar a cero grados bajo una lluvia fina de enero era un aliciente más. La media de edad en estos partidos era de unos treinta años. Neville rompía esta tendencia. Alto, zurdo, algo lento pero con buen pie, discreto y con cierto parecido al John Locke de Perdidos, debía estar cerca de los cincuenta, pero daba el nivel. 

Una tarde de septiembre, hacia el final de un partido igualado, Neville y yo fuimos fuerte a por un balón dividido. Los dos saltamos al mismo tiempo y caímos juntos al suelo. Yo no me hice nada. Nada más tocar el suelo, Neville gritó. Me levanté con prisa y miré atrás. Neville se agarraba la pierna sin dejar de gritar. El pie izquierdo le colgaba en un ángulo extraño. Le había roto el tobillo a Neville. 

No me desmayé al verlo, pero faltó poco. Enseguida nos organizamos para llevarle al hospital. Acordamos que lo mejor sería que alguien cogiera el coche de Neville y se lo llevara de vuelta a Oxford (de donde él era). No tuve más remedio que presentarme voluntario. Metimos como pudimos a Neville en el asiento del copiloto de su Mercedes años 80 y me puse al volante. Yo no conocía mucho a Neville. Le acababa de romper el tobillo y ahora tenía que llevármelo en su propio coche durante una hora y media de viaje hasta Oxford. Temía que, en cuanto nos quedáramos solos, me gritara, me insultase, me dijera que era un inútil y que me iba a denunciar por violento. 

No sucedió nada de eso. Al minuto de arrancar, me dijo que no me preocupara en absoluto. Que sabía que había sido fortuito, mala suerte, que yo no tenía culpa de nada. Y cambió de tema al instante. No lloré al escuchar esto, pero faltó poco. Me preguntó por mi ciudad, por mi anterior trabajo, por mi equipo de fútbol. Debía de dolerle el tobillo horrores, pero no se quejó ni una vez, no me reprochó nada. Llegamos a Oxford y hasta me presentó a su mujer. Me dio una lección de elegancia, de generosidad, de empatía, de muchas cosas más, difícil de igualar. 

Poco elegantes, poco generosos, poco empáticos, han estado esta semana los doce grandes clubes europeos que han anunciado la creación inminente de la Superliga europea. Por no aburrir, no voy a repetir aquí todos los argumentos que ya se están dando por todas partes en contra de este triste plan, pero os los podéis imaginar. Me pregunto qué opinará Neville sobre la creación de la Superliga europea de fútbol.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s