N’golo Kanté y una rana

Una amiga caminaba una noche por una calle un poco oscura y le pareció ver una rana en el suelo. Se paró en la acera y comenzó a acercarse a la rana muy poco a poco, con cuidado de no asustarla, para verla de más cerca. Cuando su cara estaba ya a escasos centímetros del animal, mi amiga se dio cuenta de la confusión: lo que había en la acera no era una rana sino una caca de perro. 

La vida está llena de confusiones y malentendidos. Hacia el final de una larga y dura noche de fiesta con mi hermana, lo único que yo alcanzaba a balbucear era algo parecido a lo siguiente: “¡Quiero movida!”, no paraba de repetir. Ante su petición de aclaraciones, mi respuesta solo era: “¡Movida pa mi boca!”. Mi hermana, alarmada por mi sorprendente y repentina búsqueda de drogas duras, me pidió que le hablara claro de una vez. A qué venía todo aquello y qué tipo de movida era la que quería meterme en la boca. Todo se aclaró cuando me encontré de frente con una barra de bar llena de comida: la única coca que me apetecía meterme en la boca era la de tomate. Movida pa mi boca se ha convertido en parte de nuestro vocabulario habitual, evidentemente.

Hay cosas que no son lo que parecen. Nos volvió a pasar algo parecido esta semana con N’golo Kanté. A base de repetir su parecido físico y de posición con Claude Makélélé, nos hemos creído que son el mismo jugador. También nos afecta, claro está, aquello que tan bien contaba Enrique Ballester sobre los negrocampistas: si eres negro y juegas de centrocampista, van a destacar tu físico, no importa lo que hagas con tu carrera. Después de la exhibición técnica de Kanté en las semifinales de Champions, igual ya no se nos olvida lo bueno que es N’golo con la pelota, pero lo dudo. Hay cosas que no son lo que parecen y hay cosas que no cambian. 

Hay otras cosas que sí cambian, y me parece bien. Hace unas semanas, por ejemplo, me sorprendí a mí mismo cogiendo un Cabify en la puerta de casa para ir directamente a una tienda de juegos de mesa, hecho que no supe si interpretar como adaptación perfecta al mundo moderno o de estupidez suprema (todavía no lo he resuelto). 

Más muestras de aceptación del cambio y de adaptación al mundo moderno: precisamente para ver las semifinales de Champions invité a casa a un tío que había conocido hace poco y con el que me había llevado bien. Le mandé un mensaje antes del partido para preguntarle qué le apetecía para cenar y fue ahí cuando recordé que el chico era vegano. En un gesto que me honra, no cancelé la cita ni nada, sino que preparé una ensalada para los dos, y así pasamos la noche del martes, viendo al bueno de Kanté no fallar ni un pase mientras nos comíamos una ensalada tropical. Al final, para pasar una buena semana, todo se reduce un poco a esto: comer sano, no drogarse, ver un par de buenos partidos de fútbol y asegurarse de que lo que vas a acariciar es efectivamente una rana y no una mierda de perro. 

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