Los Osos de Warwick

El otro día fui a la dentista, y mientras me hacía la limpieza de rigor, me dio un consejo relacionado con mi salud dental: si alguna vez te caes al suelo, procura no caer directamente con la boca porque eso es muy malo para los dientes, me dijo muy seria ¿Para qué complicarme la vida diciéndole que use más a menudo la seda dental o que se compre pasta de dientes en la farmacia, si no me va a hacer caso?, debió pensar la dentista. A estas alturas, consejos sencillos, de primero de primaria: si te caes al suelo, no pongas la boca. Y que pase el siguiente. 

La mayoría de las veces damos demasiadas vueltas a las cosas, y deberíamos simplificar, como mi dentista. Que si perdimos el partido por salir de inicio con tres centrales, o por jugar con los extremos a pie natural. Tendemos a racionalizarlo todo y a buscar explicaciones complejas a lo que sucede en el campo, cuando casi siempre es todo más sencillo. Fuimos peores, no hay más. Mi equipo ha quedado penúltimo este año en segunda y hemos bajado de división ¿Por qué? Porque hemos sido el segundo peor equipo de la categoría, y ya está. 

A Florentino le dijo el otro día Zidane que se iba, y sus asesores debieron de freírlo a consejos sobre el entrenador más idóneo para la próxima temporada. Que si Conte y su salida en corto, que si la capacidad de adaptación de Pochettino. Si te descuidas hasta le han mareado con algún entrenador alemán joven y loco y desconocido que presiona al rival en campo propio desde el minuto uno. No me liéis, habrá dicho Floren, que eso ya lo intenté con Queiroz y Luxemburgo con su cuadrado mágico, y salió como salió. Llamad a Carletto y a otra cosa. Decía David Mata en Twitter que traer a Carletto a estas alturas es como ponerte para salir a la calle esa camiseta que venías usando como pijama. Pero qué más da, simplifiquemos la vida, como Florentino, como mi dentista. Que te caes al suelo, no pongas la boca. Que te quedas sin entrenador, trae a Ancelotti.  

Cuando vivía en Inglaterra me apunté a un equipo de baloncesto local, los Osos de Warwick. John, el entrenador, debía de ser amigo de Florentino o de mi dentista, porque su filosofía a la hora de dar consejos era la misma. En uno de los primeros partidos de liga, perdiendo de veinte antes del descanso, John pidió tiempo muerto. A decir verdad, el partido estaba siendo un desastre, porque nos costaba mucho anotar y perdíamos pases constantemente. Nos dirigimos al banquillo en busca de soluciones y las indicaciones del míster fueron de una sencillez abrumadora: “hay que anotar más”, empezó diciendo, “ah, y perded menos pases”, añadió al concluir el tiempo muerto.

Salimos a la cancha con esta información y, efectivamente, terminamos perdiendo el partido por cuarenta puntos o más. Creo que no volví a jugar nunca con ellos y tampoco preguntaron nunca por mí, así que fair enough, Osos de Warwick. Por lo menos no me caí de boca en el último partido. 

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