Me gusta Schneider

Cuando te quieres dar cuenta, ya se ha consumido una semana de Eurocopa y la sensación es la misma que después de los primeros días de vacaciones: todo avanza muy deprisa, los días ya no te parecen regalos nuevos a estrenar y ya empiezas a intuir la nostalgia preventiva del día que terminan. 

Nostalgia preventiva me da también Gareth Bale, por el jugador que pudo ser y no quiso ser. Bale lo tenía todo para ser el mejor jugador del mundo durante varios años, especialmente esos años de vacío entre el comienzo del declive de Messi y Cristiano y el aterrizaje del próximo crack mundial. Ese era el momento de Gareth, un jugador que es rápido, un portento físico, tiene buen disparo, va bien de cabeza, regatea y probablemente por encima de todas esas cosas, tiene la capacidad de marcar en los partidos gordos. Pero esos años nunca llegaron. De momento, Bale le da la razón a Miqui Otero en Simón, cuando dice que la única manera digna de utilizar el talento es derrochándolo. Eso es lo que siento al ver a Bale con Gales en la Eurocopa, un desperdicio de talento. Espero que algún día sepamos por qué Bale no quiso ser el mejor jugador del mundo. 

Más nostalgia da todavía acordarse de los años buenos de la selección española, que nadie quiere darse cuenta de que fueron ya hace diez años (yo el primero). Por casualidades que no vienen al caso, acabé viendo el España-Suecia en La Cartuja, y hasta me vine arriba comprándome una bufanda conmemorativa. España hizo todo lo que tenía que hacer en un primer partido de Eurocopa: dominar de principio a fin, crear ocasiones y minimizar las del contrario, además de no encajar. Pero faltó el gol que cambia todos los análisis. De lo que más se habló después fue de los pitos a Morata y del estado del césped en La Cartuja. Ahora son todos muy malos y Luis Enrique tiene algo contra el Real Madrid por no haber convocado a Nacho. Si hoy ganamos fácil a Polonia, todo será al revés, pero estas cosas siempre han sido así y no las vamos a cambiar ahora. 

Por terminar hablando de nostalgia, una anécdota. Hace años quedé con un amigo en un bar para ver un Real Madrid-Villarreal. Con este amigo había tenido una gran relación hacía años, pero en ese momento ya estaba algo desgastada por abandono mutuo, cosas de la vida. En un momento del partido, no sé muy bien quién sacó a la mesa un tema algo personal. Quizás nos preguntamos por nuestras novias, o por nuestro futuro a medio plazo, no importa demasiado. El caso es que la conversación se atascó a los pocos minutos y nos quedamos los dos callados mirando la pantalla. Intentando romper ese incómodo silencio, mi amigo me preguntó: “¿Te gusta Schneider?”, y la conversación volvió a fluir. Terminamos de ver el partido agusto y nos fuimos contentos a casa. En ocho días de Eurocopa, ya he intercambiado quince audios por wasap con este amigo. Efectivamente, no nos hemos preguntado por nuestras novias.  

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